viernes, 7 de febrero de 2014

EL PAPEL DE LA FAMILIA Y LA ESCUELA EN LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD



El niño, un ser constitucionalmente débil e indefenso, tiende a buscar apoyo y protección en los demás.  Esto le lleva espontáneamente a identificarse con aquellas personas que él advierte que le aman, defienden y protegen.  Normalmente para un niño tales personas suelen ser sus padres y maestros.
Pero es necesario tomar en cuenta que es muy difícil que un padre o maestro eduque el carácter de un niño si no trata de educar el propio.
Cada tipo de carácter requiere una orientación diferente, pero existen algunas normas comunes a todos como crear un ambiente familiar alegre y cordial.  También:
  • Fomentar el desarrollo  de todas las virtudes humanas: laboriosidad, sinceridad, reciedumbre, etc.
  • Acostumbrar a los niños al trabajo en equipo.
  • Destacar y valorar siempre los pequeño éxitos.
  • Elogiar sus esfuerzos.
  • Revelarles las posibilidades y limitaciones de su carácter.
A la luz del conocimiento de los tipos de carácter es más fácil comprender y aceptar  los defectos de los hijos o alumnos, pero siempre con vistas a una mejora gradual.
Es preciso comprender que algunos defectos, más que a mala voluntad, obedecen normalmente a ciertas inclinaciones y limitaciones propias del carácter,  y a necesidades instintivas de seguridad, aceptación y afirmación de la personalidad.
No olvidar, por último, relacionar la educación del carácter con las situaciones de la vida real. Más que eliminar  defectos a base de castigos y reprimendas, los padres deben tratar de fomentar diariamente las cualidades y virtudes contrarias, proponiendo a los hijos metas y actividades sugestivas a través de las cuales se vayan haciendo más responsables.




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